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Cómo encontrarse a uno mismo para crecer como persona

Encontrarse a uno mismo

A menudo empleamos expresiones como parte de nuestro día a día sin llegar a dimensionar el verdadero sentido de estas, llegando a usarlas en contextos muy diversos. Este podría ser perfectamente el caso de la expresión encontrarnos a nosotros mismos, que con frecuencia empleamos en un tono de humor cuando lo que queremos es tener un tiempo a solas: me voy a dar un paseo, a ver si me encuentro a mí mismo…

Pero si nos paramos a pensar por un momento en el sentido más filosófico de la expresión encontrarse a uno mismo, veremos que su trascendencia en la vida de las personas es mucho más significativa, así como su impacto emocional.

De hecho, llegar a conocerse a uno mismo está estrechamente relacionado con el descubrimiento personal, con el encuentro de un propósito en la vida y con la concepción que tenemos sobre nosotros mismos. Sin duda, se trata de mucho más que una simple forma de hablar.

Encontrarse a uno mismo -entendido desde el enfoque más espiritual posible- puede convertirse en una de las tareas vitales más difíciles de completar a lo largo de toda una vida adulta. Pero ¿por qué algo tan fácil de decir resulta tan inalcanzable para muchas personas? 

Te invitamos a averiguarlo con nosotros las claves prácticas para sacar lo mejor de ti mismo y sentirte plenamente realizado con ello.

ENCONTRARSE A UNO MISMO: EL CAMINO DE TODA UNA VIDA

Esta búsqueda de un propósito o finalidad en la vida -definición a la que podemos ajustar la expresión de encontrarse a uno mismo– no debe ser tomado como algo de interés exclusivo para unas pocas personas más innatamente espirituales. Al contrario, se trata de algo a lo que cualquier persona puede tener que enfrentarse tarde o temprano. 

Un buen punto de partida al emprender el viaje de encontrarse a uno mismo es el de considerar la vida como viaje único, irrepetible y con una inevitable fecha de caducidad. Esto puede coincidir con ese momento en el que nos damos cuenta de los años que hemos dejado atrás, o de todo aquello que pudimos hacer y no hicimos por una u otra razón. O cuando nos damos cuenta de no haber tomado nuestras propias decisiones, sino que otras personas las han tomado por nosotros.

Estas son algunas de las señales que nos pueden hacer ver la necesidad de hacer un parón en el camino y tomarnos el tiempo necesario de replantearnos las cosas. De darle un nuevo rumbo a nuestras vidas que responda a aquello que realmente nos motiva, gusta o proporciona alegría por encima de todo. En resumen, de encontrarnos a nosotros mismos.

¿POR DÓNDE EMPEZAR EL CAMINO HACIA EL AUTODESCUBRIMIENTO?

Ya hemos mencionado previamente algunas de las señales que te pueden indicar la necesidad de reconsiderar tu sitio en el mundo. Pero no son las únicas. De hecho, la exploración personal y el autodescubrimiento (¿quién soy y qué hago aquí?) son parte de un proceso que, como todo en la vida, se perfecciona con la práctica.

ACEPTAR QUIENES SOMOS, NO QUIENES QUEREMOS SER

Podemos -por ejemplo- haber estado empeñados durante toda una vida en dedicarnos a la política. Es la profesión de nuestros padres y abuelos, por lo que continuar con la tradición familiar nos pareció siempre algo lógico y natural. Además de evitarnos un más que probable conflicto en el seno de la familia.

Pero ¿y si llegado un momento nos damos cuenta de que lo único que nos atrae de la política es nuestra habilidad de comunicar? ¿Y si, además, sentimos que esa habilidad estaría mucho mejor empleada promoviendo la igualdad de derechos, pero fuera de la política? 

Incluso quizás descubramos que lo que siempre quisimos en lo más interno de nuestro ser fue emplear nuestra calmada voz para entonar melodías románticas, ¿por qué no? Seguramente soterramos la idea bajo un compromiso mayor: continuar con la tradición de nuestra familia.

La conclusión en este primer apartado es que quizás tengamos mucho más que aportar en este mundo más allá de lo que pensamos. Y, sobre todo, tal vez más de lo que otras personas esperan de nosotros.

ENCONTRAR EN QUÉ SOMOS BUENOS… Y NO TAN BUENOS

Esto que puede sonar relativamente fácil es una de las tareas más complicadas de todo el proceso de encontrarse a uno mismo. ¿Por qué no basta con pararse a pensar en un momento en lo que se nos da bien? Simplemente, porque puede que jamás hayamos reparado ni por un momento en aquello que mejor se nos da, de forma que lo estamos ignorando por completo.

Encontrar nuestros puntos fuertes pasa por un proceso de prueba y error: cuando nos damos la oportunidad de probar cosas nuevas (por ejemplo, comprar pintura y un lienzo en el que pintar) nos estamos abriendo a descubrir lo que se nos da bien. 

Por el otro lado, seguramente que en más de una ocasión comprobemos lo contrario: que algo no es precisamente nuestro fuerte. Pero esto no será nunca un fracaso, sino parte del proceso de buscar nuestro lugar en el mundo.

APRENDER A NO DEPENDER DE LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS

En tercer lugar, otra buena forma de comenzar ese camino de exploración personal es aceptar que no podemos complacer a todo el mundo. Mientras el hecho de agradar a quienes nos rodean sea nuestra prioridad por encima de todo, estaremos poniendo barreras a la tarea de encontrar el camino que queremos recorrer.

¿La solución? Tomar nuestras propias decisiones con plena confianza, sin que éstas dependan de la aprobación de terceras personas

Estas son solamente algunas de las buenas prácticas que puedes instaurar en tu día a día para encontrarte a ti mismo, y con ello, tu propósito en la vida. Cuando lo consigas, tal vez veas las cosas de una forma muy diferente.

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